La UCR bonaerense entra en zona de definiciones de cara a la elección partidaria
La interna de la UCR bon...
La interna de la UCR bonaerense entró en la zona caliente y, salvo algún giro de último momento, todo indica que el radicalismo provincial terminará definiendo su nueva conducción en las urnas. La fecha ya está marcada: el 7 de junio aparece como el próximo gran test para un partido que todavía arrastra heridas abiertas desde su última pelea interna.
El escenario se fue endureciendo en las últimas semanas entre dos polos que, aunque mantienen conversaciones, no lograron desactivar del todo la tensión. De un lado se mueve el espacio referenciado en el senador nacional Maximiliano Abad, Gustavo Posse (ex intendente de San Isidro), Daniel Salvador (ex vicegobernador de Vidal) y Evolución (espacio de Martín Losteau); del otro, el sector que hoy tiene como figura central al presidente del Comité de Contingencia y ex jefe comunal de Trenque Lauquen, Miguel Fernández, acompañado por Alejandra Lordén y dirigentes que empujan una renovación interna.
En el abadismo repiten una idea que ya empezó a tomar volumen hacia adentro del partido: la próxima conducción necesita una legitimidad política que, según entienden, hoy el radicalismo no tiene plenamente consolidada. En ese marco, Abad volvió a dejar una señal clara al plantear que el partido no debería “tenerle miedo al voto de los afiliados”, una frase que cayó como mensaje directo hacia el resto de las tribus internas.
La disputa no se explica sólo por nombres, sino también por la necesidad de cerrar un ciclo de provisionalidad que ya lleva demasiado tiempo. Tras la escandalosa elección interna de 2024, judicializada y atravesada por denuncias cruzadas, la UCR bonaerense quedó bajo una conducción de contingencia encabezada por Miguel Fernández en el Comité y Pablo Domenichini en la Convención.
Ese esquema transitorio fue pensado para ordenar la vida partidaria después del caos, pero hoy también quedó atrapado por la misma pelea que debía administrar. De hecho, una parte importante del radicalismo empujó el adelantamiento de la elección para junio justamente con el argumento de que había que normalizar cuanto antes la estructura partidaria y salir de una conducción provisoria.
Del otro lado, el sector de Fernández no descarta competir si no aparece una fórmula de consenso. En ese espacio aseguran que trabajan en una figura que exprese renovación generacional y territorial, con apoyo de intendentes, legisladores y dirigentes del Interior bonaerense. Esa construcción empezó a mostrar volumen en Saladillo, donde se reunieron referentes que buscan plantarse con candidatura propia si no hay acuerdo.
Anteriormente, la pelea tuvo su capítulo judicial este año. El adelantamiento de la fecha fue impugnado por el sector de Fernández, pero el juez federal con competencia electoral Alejo Ramos Padilla terminó rechazando ese planteo y dejó firme la convocatoria para el 7 de junio, lo que terminó de encarrilar la discusión hacia una posible interna formal.
Con ese fallo, el radicalismo bonaerense quedó frente a una definición política que excede el recambio de autoridades. Lo que está en juego es también qué perfil tendrá la UCR en la Provincia, cómo se va a posicionar frente al reordenamiento opositor y qué volumen real conserva cada sector de cara a los próximos armados electorales.
Por ahora, nadie termina de cerrar la puerta a una lista de unidad, pero en el partido ya asumen que el reloj corre y que el margen para una síntesis se achica. Si no aparece un acuerdo en las próximas semanas, la UCR bonaerense volverá a hacer lo que más sabe en tiempos de tensión: resolver sus diferencias cara a cara, voto a voto y con la interna al rojo vivo.
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