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Maximiliano Abad, senador nacional del radicalismo por la provincia de Buenos Aires, decidió meterse de lleno en una de las discusiones más sensibles que hoy atraviesan a Mar del Plata: el futuro de Chapadmalal. Luego de que el Gobierno nacional confirmara que avanza con una concesión por 30 años de los históricos hoteles del complejo, la Unión Cívica Radicar (UCR) local salió a marcar otra cancha y empujó una jugada para que parte del predio pase a la Universidad Nacional de Mar del Plata.

La movida no llegó de manera aislada. En las últimas horas, el bloque UCR + Nuevos Aires en el Concejo Deliberante presentó un proyecto para solicitar la cesión de un sector del complejo con la idea de desarrollar allí un campus universitario, con infraestructura académica y residencias estudiantiles. El planteo reactiva una postura que Abad ya había dejado correr en 2025, cuando empezó a sonar con fuerza el desguace del turismo social.

Del otro lado, la Casa Rosada ya mostró hacia dónde quiere ir. El anuncio lo hizo Manuel Adorni, que habló de una concesión de largo plazo con la promesa de atraer inversión privada, mejorar las instalaciones y achicar el costo estatal de mantenimiento. En esa lógica, Chapadmalal dejó de ser para Nación una política social y pasó a ser, cada vez más, un activo inmobiliario y estratégico.

Pero el debate en torno al complejo está lejos de ser solamente administrativo. Chapadmalal arrastra una carga simbólica, histórica y política difícil de esquivar: fue uno de los emblemas del turismo social en la Argentina y quedó en el centro de la polémica desde que el Gobierno de Milei lo declaró “innecesario” y lo fue corriendo de la órbita tradicional de Turismo, a cargo del exgobernador Daniel Scioli. La discusión ya no es solo qué hacer con los hoteles, sino también qué modelo de uso público o privado se quiere imponer.

En Mar del Plata, además, la jugada de Abad no pasa inadvertida porque mete a la universidad en un tablero donde también orbitan otros intereses políticos y económicos. Desde hace tiempo circulan propuestas alternativas para reconvertir el predio, incluso con ideas más ambiciosas y orientadas al negocio urbano. Por eso, detrás del proyecto académico también se lee una disputa por quién se queda con la lapicera sobre una de las tierras más codiciadas del sur del distrito.

A eso se suma otra preocupación que sigue latente: la incertidumbre laboral. El cierre, la parálisis administrativa y la falta de definiciones concretas sobre el destino final del complejo vienen alimentando inquietud entre trabajadores y sectores vinculados históricamente al funcionamiento del lugar. Cada nuevo anuncio reaviva el temor de que el proceso avance primero sobre el patrimonio y después sobre el empleo.

Así, Chapadmalal volvió a convertirse en un campo de batalla político con varias terminales abiertas. Milei quiere concesionar, Abad quiere sumar a la universidad y en el medio aparece una pulseada que mezcla territorio, negocios, patrimonio y poder. En una ciudad donde cada movimiento sobre la costa sur genera ruido, la pelea recién empieza y nadie parece dispuesto a correrse.