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Nunca odié, siempre agradecí haber sido de los que sobrevivieron en El Olimpo, donde asesinaron a 700 de los 750 detenidos, y lo mismo después de la Guerra de Malvinas, esa vez ya sin la ilegalidad de la desaparición, cuando ordenaron mi arresto por traición a la patria. Pero al quedar cada vez menos testigos de aquello con la perspectiva de la misma función actual, la responsabilidad de transmitir esa experiencia es cada vez mayor. Nada comenzó en 1976, venía de antes, y tampoco nada terminó en 1983 de eso llamado paradójicamente “Proceso”. La violencia hoy es verbal pero la actitud antidemocrática, opuesta a la deliberación y el consenso, es la misma. Leer más