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El Senado bonaerense sesionará el 26 de febrero para ordenar su estructura tras meses de indefiniciones. Qué cargos se eligen, quiénes los disputan y por qué importan explican el clima que atraviesa al oficialismo. La Vicepresidencia 1°, la jefatura de bloque y secretarías estratégicas están en juego en un año político sensible.

La discusión no es nueva y arrastra el fracaso de la preparatoria de diciembre, cuando no hubo acuerdo para cerrar autoridades. Desde entonces, la Cámara alta funciona con casilleros vacíos y tensiones latentes. La prórroga dispuesta por Verónica Magario dejó heridas abiertas en el peronismo.

La decisión de la vicegobernadora, amparada en el reglamento, fue leída por un sector como una jugada dilatoria. El Senado quedó con áreas clave sin conducción formal y con un único vicepresidente en funciones. En un escenario de paridad, cada silla tiene peso institucional y proyección política.

La tensión principal enfrenta a La Cámpora con el Movimiento Derecho al Futuro, referenciado en Axel Kicillof. Aunque el Gobernador aceptó presidir el PJ bonaerense, la foto de unidad no bajó al recinto. La disputa revela que el acuerdo partidario no garantiza armonía legislativa.

La Vicepresidencia 1° es el botín mayor porque integra la línea sucesoria y preside Labor Parlamentaria. Desde allí se define qué proyectos llegan al recinto y cuáles duermen en comisión. Controlar ese lugar es administrar la agenda y condicionar al Ejecutivo en un año de reacomodamientos.

En el kirchnerismo impulsan nombres como Sergio Berni o Mario Ishii, mientras el kicillofismo promueve a Ayelén Durán. También circula Marcelo Feliú como perfil de equilibrio para conducir el bloque. Ninguna opción logró consenso pleno y el massismo observa, con posibilidad de jugar carta propia.

La pelea incluye la Secretaría Administrativa y otras áreas sensibles hoy bajo influencia cercana a Magario. Cada casillero forma parte de una negociación mayor donde nada se concede gratis. La ingeniería interna expone que el poder real no siempre está en el recinto sino en la estructura.

En paralelo, proyectos perdieron estado parlamentario por falta de acuerdos y crece el malestar interno. Desde sectores alineados a Axel Kicillof cuestionan la lentitud del Senado y apuntan a la conducción política. La interna ya impacta en la gestión y en la agenda pública.

El 26 de febrero no habrá grandes debates legislativos, pero sí definiciones de alto voltaje. El Senado deberá resolver si la unidad del PJ es retórica o se traduce en un esquema de poder estable. Lo que se juegue en esa sesión marcará el tono político de 2026 en la Provincia.